Novedades junio 2014
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La canción número 7 || Lena BlauLos cambios nos asustan y el pasado puede ocultar un sorprendente secreto, pero muchas veces lo mejor de la vida se encuentra escondido detrás de lo inesperado. Son esos pasos perdidos los que nos ayudan a descubrir quiénes somos en realidad, paso a paso, nota a nota.
Si entras, no podrás salir de la isla.
La vida de Nora da un giro inesperado cuando consigue un empleo bajo las órdenes de Silver Betancourt, un joven empresario que siente una gran obsesión por ella. Cuando Nora comienza a verse abrumada por múltiples averiguaciones en contra de su jefe, decide huir de la constante insistencia de éste, que busca en ella un terrorífico interés oculto. A partir de ese momento, Nora se traslada a una isla inhóspita poblada de habitantes con curiosas habilidades, entre los que se encuentra Eric, un joven solitario y enigmático con muchos secretos. Entre ellos nace una compleja historia de amor, enturbiada por una ardua lucha en busca de la supervivencia, causada por la amenaza que Silver supone. Una relación empañada por los distintos mundos en los que se encuentran, y una dificultad añadida: solo uno de los dos puede abandonar la isla.
Cuando Ángela eligió a Vlad el Empalador, el antiguo voivoda valaco origen de la figura del conde Drácula, como protagonista de su tesis doctoral, no podía imaginar que aquella simple decisión marcaría el resto de su vida, y tal vez, incluso, su muerte.Opinión personal [Sin Spoilers]
Cuando se embarcó rumbo a Rumania, dispuesta a desenmarañar los hilos de las leyendas del viejo continente, no podía saber que terminaría enredada en ellos.
Allí descubriría que cinco años de estudios de Historia no son de ayuda cuando ésta decide atraparte entre sus páginas.
Un país anclado en el pasado, supersticiones, asesinatos y gritos en la noche. Un legado, un hombre con un gran secreto, luchas de poder y traiciones. Y la sangre como origen de todo.
A partir de su estancia en un castillo de Transilvania, Ángela comprobará que la línea entre la superstición y la Historia no está tan claramente marcada. Y lo que empezara como un simple viaje de documentación se convertirá en un infierno del que quizás no pueda, o quiera, salir.
Cristina Roswell nació en Murcia, ciudad en la que ha vivido siempre y donde compagina su labor literaria con los estudios universitarios de Historia del Arte.
Su afición por la escritura empezó de pequeña pero no se convirtió en algo serio hasta cumplir los 19. Fue entonces cuando comenzó a escribir su primera novela, la cual terminaría tras seis años de escritura y documentación sobre el tema y el personaje histórico alrededor del cual gira (el mito del vampiro en Europa del Este y Vlad el Empalador, el sanguinario príncipe valaco origen de la figura del conde Drácula).
Es con este escrito con el que zarpó en su primera odisea editorial, en la que se encuentra embarcada actualmente. La publicación de "Draculesti. El Legado del Diablo", su primer libro, ha llegado en mayo de 2012.
Además, junto al escritor JohN Aymerich, Cristina es la co-autora de Hybris. Los Últimos Días, una novela en la que la mitología clásica y las profecías del fin de los tiempos se unen para conformar un mundo post-apocalíptico en el año 2012.
También es la autora de la novela online (o blog-novela) Lykaon. Memorias de una mujer-lobo, iniciada en verano de 2009 y la cual empezó a publicar primero a través de un blog y luego en la web: memoriasdeunamujerlobo.com
Cuenta igualmente con varios relatos y artículos de fantasía y terror (sus géneros preferidos) publicados en portales como Sedice, la revista virtual Aurora Bitzine, y la web Tumba Abierta.
En su blog oficial: Ardeal. Odisea de una escritora novel por el mar literario, podemos seguir sus pasos hacia la publicación, así como encontrar información relacionada con el mundo editorial desde el punto de vista del escritor.
En un mundo donde los humanos han comenzado a mutar a causa de un virus, y con el temor que todo se vuelva contra ellos, los hombres idearon el arma para detener este holocausto.
El arma reside en Angie, corre por sus venas la llamada «Cura», la que salvará a la humanidad.
¿Pero cuánto deberá sacrificar ella por esta causa?
Elric no parecía preocupado. Se sentó cerca de aquella niña que le despertaba aquella sensación de familiaridad. Como si estuviera en casa.Pero cuando un día, después de un examen médico rutinario realizado por su padre, descubre la verdad de su existencia, conocerá a Evren, quien deberá convertirse en su guardaespaldas, y realizar con ella el camino que siempre ha esperado por ella, y que ha visto a través de sus sueños. Y es que en su sangre, está la cura para la humanidad. Una cura creada por su padre, quien le ha engañado durante todos esos años.
— ¿Por qué estás sola? – Preguntó. – ¿No juegas con los demás?
La niña señaló a los pequeños que jugaban.
— Dicen que les doy miedo… – Admitió, con los ojos entrecerrados.
— ¿Miedo? – Elric la miró, alzando las cejas claras. – ¿De qué?
— Por mi pelo… – Se tocó un mechón.
— A mí me gusta tu pelo.
Angie se sonrojó y dejó escapar una leve sonrisa.
— ¿Qué quieres decir con eso?
— No debe ser natural si ves algo tan parecido a la realidad. La silla, las agujas, la sangre, el agua.
— Sí. Por eso temo.
— No debes hacerlo.
— Seguramente moriré allí.
— No ocurrirá.
— ¿Cómo lo sabes?
— No lo permitiré. No vas a morir en esa silla.
— Ya he visto ese lugar.
Me detuve y me volví hacia ella lo mejor que pude. Guiándome por el sonido de sus pasos y la fuente de su olor, podía estar desviado unos centímetros. Según mi experiencia, los seres humanos se sienten mejor cuando su interlocutor los mira, o algo parecido.
— ¿Cuándo? – Quise saber.
Noté sus manos en mis mejillas, y me movió ligeramente. Quizá en su dirección. ¿Por necesidad, o para completar mi intento? Volvió a suspirar de forma temblorosa; el aire pasaba suave entre sus labios.
— Desde pequeña no he dejado de soñar con este día. – Dijo. – Sin siquiera saber que yo tuviera que hacer algo, o que mi sangre fuera la cura de nada. – Soltó mi rostro. – Un altar alejado, sentada allí, con agujas… clavándose en mi cuerpo, extrayendo mi sangre… para mezclarse con agua… y…
Él, no obstante, sacudió la cabeza y tomó mis manos entre las suyas, muy serio.
— Iré contigo.
De pronto Evren volvió a apuntarlo.
— No. – Dijo, tajante.
— Evren, el arma. – Le advertí, fulminándole con la mirada, para volverme otra vez hacia mi amigo. – ¿Por qué quieres venir?
— Esa es una pregunta sin sentido, Angie. Somos amigos. Quiero protegerte.